Siento vergüenza de lo que hemos creado durante estos últimos 20 años en las costas españolas. Monstruos de cemento amparados por arquitectos más preocupados por construir más que su vecino y no quedarse atrás en la carrera que por proyectar con calma y saber decir no a encargos terroristas y destructores la costa española.
Los políticos no se quedan atrás, habituales de los cambios de normativa el en suelo cercano a la costa, han provocado un aumento de la especulación, corrupción y una disminución en la calidad de la democracia. Mirando a corto plazo, la construcción siempre a sido una herramienta para mejorar el desempleo, la financiación local y la mejora de la economía, pero, ¿a que precio? Lo que no se tienen en cuenta es la perdida del valor ambiental y estético de nuestras costas.
Si, estético, palabra muy subjetiva pero muy importante. ¿Qué hubiera pasado si no se hubiera permitido construir edificaciones a menos de 300 metros de la costa, dejando una masa arbolada verde de colchón y parque entre las edificaciones y el mar? la destrucción de las costas. Todas ahora serían costas vírgenes o tendrían un alto grado de integración con el paisaje y tendríamos un tipo de turismo que está demandando este tipo de paisaje, mucho mayor del que se cree, generando y reactivando la economía de la misma forma que ahora, pero manteniendo el valor de nuestras costas.
Cuando los urbanistas están en el mismo lado que los políticos, mejor marcharse.
Life observer, prejudice destroyer, coherence hunter, tech-minded, persistent architect, reponsible urbanist, entrepreneur & Co-Founder
@bagonboard

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